-
Todo hombre es rico o pobre según la proporción entre sus deseos y sus goces; cualquier ampliación de los deseos es, por tanto, igualmente destructiva para la felicidad que la disminución de la posesión, y quien enseña a otro a anhelar lo que nunca obtendrá no es menos enemigo de su tranquilidad que si le hubiera robado parte de su patrimonio...".