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  • Todo hombre es rico o pobre según la proporción entre sus deseos y sus goces; cualquier ampliación de los deseos es, por tanto, igualmente destructiva para la felicidad que la disminución de la posesión, y quien enseña a otro a anhelar lo que nunca obtendrá no es menos enemigo de su tranquilidad que si le hubiera robado parte de su patrimonio...".

    Samuel Johnson (1824). “Works: With an Essay on His Life and Genius”, p.135