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Ningún beneficio proviene de la oración de un hombre justo si quien la pide encuentra más placer en el pecado que en la virtud. Pues Samuel se lamentó por Saúl cuando pecó, pero no pudo obtener la misericordia de Dios, porque su dolor no se apoyaba en el necesario cambio de vida por parte del pecador. De ahí que Dios pusiera fin al dolor inútil de su siervo, diciéndole: "¿Hasta cuándo llorarás por Saúl, puesto que lo he rechazado para que no reine sobre Israel?" (I Sam. 16:1).