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  • Una de las muchas lecciones que espero haber aprendido es lo mucho que subestimé a la gente, su amplitud de miras y su disposición a comprender. Creo, además, que subestimé hasta qué punto todo el mundo tiene una historia. Así que mi consejo, por si sirve de algo, es confiar en los lectores, confiar en la verdad y confiar en el poder de contar historias.