-
Concéntrate en las maravillas y alegrías de esta vida, y acepta lo mejor que es tu verdadera herencia. No es ser un avestruz, tener miedo de la vida y no enfrentarse a ella. Es ver la realidad de esta vida gloriosa que es tuya y, al hacerlo, ayudar a que se haga realidad. Cuanto más claro lo veas, más rápido se hará realidad.