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Las grandes decisiones de la vida humana tienen, por regla general, mucho más que ver con los instintos y otros misteriosos factores inconscientes que con la voluntad consciente y la sensatez bienintencionada. El zapato que le queda bien a una persona le aprieta a otra; no hay una receta para vivir que se adapte a todos los casos. Cada uno de nosotros lleva su propia forma de vida, una forma indeterminable que no puede ser sustituida por ninguna otra.