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  • Como no nos han enseñado a apreciarnos y querernos de esta manera, no sentimos que merezcamos autocuidado y placer. En lugar de eso, nos aferramos a nuestras listas de cosas por hacer y sacrificamos nuestra salud y bienestar por el bien de los demás. Entonces, cuando nos sentimos privados de nuestra necesidad humana básica de relajación y disfrute, recurrimos a la comida como única fuente de placer. Cuando intentamos privarnos de la comida haciendo dieta, nos negamos el último placer que nos queda en la vida. Y esa estrategia nunca funciona.