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Nadie envejece por el mero hecho de vivir muchos años. La gente envejece sólo por abandonar sus ideales. Los años pueden arrugar la piel, pero abandonar el interés arruga el alma. La preocupación, la duda, la desconfianza en sí mismo, el miedo y la desesperación; estos son los largos, largos años que inclinan la cabeza y convierten en polvo el espíritu que crece. Sean cuales sean tus años, hay en el corazón de todo ser el amor por lo maravilloso, el desafío impertérrito de los acontecimientos, el infalible apetito infantil por lo que vendrá después, y la alegría y el juego de la vida.