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Cuando la Casita se asentó sobre sus nuevos cimientos, sonrió feliz. De nuevo podía ver el sol, la luna y las estrellas. De nuevo podía ver la primavera, el verano, el otoño y el invierno ir y venir. Volvía a estar habitada y cuidada. Nunca más sentiría curiosidad por la ciudad... Nunca más querría vivir allí... Las estrellas centelleaban sobre ella... Había luna nueva... Era primavera... Y todo era tranquilidad y paz en el campo.