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Ninguna escena de la historia sagrada alegra el alma como la del Calvario. En ninguna parte encuentra el alma tanto consuelo como en ese mismo lugar donde reinó la miseria, donde triunfó el infortunio, donde la agonía alcanzó su clímax.
Ninguna escena de la historia sagrada alegra el alma como la del Calvario. En ninguna parte encuentra el alma tanto consuelo como en ese mismo lugar donde reinó la miseria, donde triunfó el infortunio, donde la agonía alcanzó su clímax.