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Si en ese momento me guardara mis opiniones por temor a ofender, me consideraría culpable de traición a mi país y de un acto de deslealtad hacia la Majestad del Cielo, a la que venero por encima de todos los reyes terrenales.
Si en ese momento me guardara mis opiniones por temor a ofender, me consideraría culpable de traición a mi país y de un acto de deslealtad hacia la Majestad del Cielo, a la que venero por encima de todos los reyes terrenales.