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La confesión es el acto de invitar a Dios a caminar por el acre de nuestros corazones. "Aquí hay una roca de codicia, Padre. No puedo moverla. ¿Y ese árbol de la culpa cerca de la valla? Sus raíces son largas y profundas. ¿Y puedo mostrarte un poco de tierra seca, demasiado crujiente para la semilla?" La semilla de Dios crece mejor si se limpia la tierra del corazón.