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Cada dos años, la industria política estadounidense llena las ondas con la más virulenta y escabrosa difamación de casi todos los políticos del país, y luego se declara perpleja de que Estados Unidos haya perdido la confianza en sus políticos.
Cada dos años, la industria política estadounidense llena las ondas con la más virulenta y escabrosa difamación de casi todos los políticos del país, y luego se declara perpleja de que Estados Unidos haya perdido la confianza en sus políticos.