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El grano de arroz sufre bajo el golpe del mortero. Pero admira su blancura una vez terminado el encargo. Lo mismo ocurre con los hombres y el mundo en que vivimos. Para ser hombre hay que sufrir los golpes de la desgracia.
El grano de arroz sufre bajo el golpe del mortero. Pero admira su blancura una vez terminado el encargo. Lo mismo ocurre con los hombres y el mundo en que vivimos. Para ser hombre hay que sufrir los golpes de la desgracia.