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Cuanto más pienso en el sufrimiento humano en nuestro mundo y en mi deseo de ofrecer una respuesta sanadora, más me doy cuenta de lo crucial que es no dejarme paralizar por sentimientos de impotencia y culpa. Más importante que nunca es ser muy fiel a mi vocación de hacer bien las pocas cosas que estoy llamada a hacer y aferrarme a la alegría y la paz que me aportan. Debo resistir la tentación de dejar que las fuerzas de las tinieblas me arrastren a la desesperación y me conviertan en una más de sus muchas víctimas.