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Creo que el bien o el mal que hacemos a los demás, muy a menudo recae sobre nosotros mismos; porque así como los hombres de disposición benigna disfrutan de sus propios actos de beneficencia por igual con aquellos a quienes se los hacen, apenas hay naturalezas tan completamente diabólicas como para ser capaces de hacer injurias sin pagar ellos mismos algunos dolores por la ruina que causan a sus semejantes.